Mi primer empleo.

Como estuvimos platicando, al llegar a Estados Unidos fue difícil como todo, pero tengo un gran amigo que me ayudó mucho, me consiguió alojamiento y transporte, y de ahí comencé a trabajar. Recuerdo que la depresión económica del 2008 aún se sentía, aunque yo no consideré eso. La gasolina era bastante cara en el medio oeste de Estados Unidos, los sueldos en el sector agrícola no eran muy buenos y con pocas horas, pero uno hacía que alcanzaran. Aún recuerdo esas jornadas de 16 horas diarias, entre un turno y otro, porque la compañía estaba sin personal, y aproveché. De nuevo mi amigo me ayudó a conseguir vehículo, lo cual fue muy bueno, pues podía moverme al trabajo y de compras. Aun así, con el tiempo te das cuenta de que muy poquitas personas te ayudan de corazón, pero es bueno aprender que todo tiene un precio, eso es indispensable para todos los que seguimos nuestras leyendas personales.

Recordar siempre que todo tiene un precio, y no solo es dinero. Hablamos incluso de cosas más valiosas: la familia, los seres queridos e incluso las amistades. Pero en todo esto debemos incluir lo más valioso: nuestro tiempo, esfuerzo, desgaste físico y mental, porque en ocasiones llegamos a perder hasta nuestra salud.

Calculemos más los riesgos.